José María Maciá, de 36 años era empleado de una empresa de la construcción, propiedad de uno de sus hermanos, vivía desde hacía cuatro años con su mujer, Teresa Asunción, de 34 años, en el piso 3º del número 62 de la calle Pablo Picasso, de Elche. El matrimonio tenía dos hijos, Jose Maria de seis años, y Vicente de dos.
Teresa conoció a José María en el instituto, era sabedora de los problemas con el alcohol y las drogas de su marido y le acompañaba en las sesiones de rehabilitación.
Jose Maria había estado inmerso en la ludopatía, el alcoholismo y había sido cocainomano.
Pero todo eso lo había dejado atrás hacia cuatro años con el apoyo de Teresa, aunque en los últimos tiempos antes de su rehabilitación ella ya le había dejado bien claro que si volvia a caer en esos habitos nunca mas volveria a esa casa.