En Francisco, ya desde pequeño, se pudo apreciar que no era normal y junto a la educación tan deficiente que tuvo estaba claro que algo podría salir mal y que se estaba convirtiendo en un perfecto prototipo de delincuente.
Intentó en muchas ocasiones quitarse la vida. El mismo declaró que «No era como los demás, hacía cosas que no estaban bien. No me gustaba estar con la gente, me gustaba ir a sitios solitarios y se me pasaba la idea de matarme… De pequeño también me ponía delante de los coches… A los 12 años me atropelló uno». Francisco era un niño triste y solitario al que comenzaron a gustarle los paseos entre las lapidas de los cementerios, de noche y sin compañía. Dos años después del atropello, con 14 años de edad comenzaría a beber algo mas de un litro de vino diario y comenzó a comportarse de una forma aun mas extraña de lo que lo había estado haciendo. «Ya tenía ideas raras, paseaba por las noches con un cuchillo. Me gustaba entrar en casas abandonadas y no sé por qué.
Miraba por las ventanas de los pisos para ver a las mujeres y a las parejas de novios. Me masturbaba».

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